Reseña recuerdo de Bert Hellinger, por Joan Garriga

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Bert Helllinger murió el 19 de septiembre. Ahí van unas palabras a modo de homenaje y recordatorio. Este 2019 se cumplen 20 años de su venida a Barcelona, en la que brindó el primero de sus talleres sobre Constelaciones Familiares. En lo personal, me sentí muy tocado por su actitud y su trabajo; tanto, que me movió a dedicarle una buena parte de mi tiempo profesional. Cuando supe de su muerte, lo más inmediato que brotó en mí fueron estas líneas que decidí compartir:

“No es decible en palabras la inmensa fortuna de haber tenido a Bert Hellinger como maestro. El Alma podría expresarlo, sólo que su esencia es silencio que abraza todas las melodías y luz natural que alumbra todas las formas y colores. Este silencio y esta luz vivían en el centro de tu pecho, querido Bert, y eso transmitías tocando el corazón de tantos. Ojalá hayamos sabido transmutar en sustancia viva y creativa lo que nos legaste, y ojalá tu inspiración en nosotros siga tocando corazones, trayendo paz, amor y reconciliación, e integrando y uniendo lo que es guerra y separación en las personas, en las familias y en el mundo. Este sería el más bonito homenaje a tu ser y a la vida cumplida, que acabas de dejar.
Para mí, quedas en forma de presencia, de asentimiento y de amor expansivo. Gracias para siempre, por tanto. Nos encontraremos, pues ¿no será tu muerte tu último y definitivo nacimiento?”

Si presto atención a lo que las aportaciones de Bert Hellinger significan para el mundo de la ayuda a través de la técnica de las Constelaciones, que ha tenido una expansión enorme en todo el mundo —a pesar de algunas derivas vulgares, pseudomágicas e inquietantes—, me gustaría señalar tres aspectos del propio Hellinger que lo han hecho posible, a mi modo de entender.

Creo que Bert Hellinger hizo un viaje de lo religioso a lo espiritual, o bien, que a través de lo religioso encontró la mística y el centro del ser o morada interior, de manera tal que lo que transmitía iba mucho más allá de una técnica para convertirse en un estado contagioso, irresistible para muchos, de expansión de conciencia y de corazón, cuyo canto natural es el amor a lo que es.

Luego, al igual que se recuerda a Gandhi como apóstol de la no-violencia, seguramente se recordará a Bert como el apóstol de la inclusión, epicentro de su mensaje. Y ello siempre me pareció profundamente gestáltico, pues ¿no es acaso la terapia Gestalt una gramática copulativa y no disyuntiva, que une e integra, en lugar de dividir y alienar? Y, ¿no encontramos nuestra completud cuando todo lo que somos, momento a momento, puede ser incluido en el amoroso foco de nuestra atención, que desconoce el rechazo al igual que el apego?

Alguien tan intrínsecamente libre logró una audacia superlativa: Bert fue capaz de superar el temor a cualquier crítica, lo que le llevo a afirmar, entre otras cosas espinosas, que “los representantes en una constelación sienten los sentimientos de los representados”. Yo creo que somos muchos los terapeutas que, trabajando con escenografía familiar, habíamos intuido ecos de esta afirmación, pero al sobrepasar nuestros parámetros de lo posible nos decantábamos por desecharlos como si se tratara de vivencias espurias. Es como no poder ver lo que no está esbozado en el mapa mental de la realidad. Bert, fiel a su percepción y no a los mapas, puso al servicio de la ayuda su audacia y fortaleza, y supo usar su estilo caracterial tendente a lo pontificio para desvelar evidencias que la estricta racionalidad se muestra incapaz de contemplar. Con ello, abrió caminos nuevos.

Por último, supo integrar todas sus influencias, filosóficas, poéticas, religiosas, psicológicas, terapéuticas, culturales (vivió muchos años en Sudáfrica) y biográficas (le toco durante un tiempo ejercer de soldado en la segunda guerra mundial) y familiares (con sus secretos y sutilezas) en la dirección de reconocer lo tribal en cada ser humano, y la mente colectiva de la que forma parte, y dirige a veces invisiblemente su guion de vida y su lugar en las familias y en el devenir de cada cual. Me parece que el alivio y paz en los vínculos que han logrado muchas personas y familias a través de las profundas comprensiones e intuiciones de Bert es más que notable.

Valgan, pues, estas líneas para traerlo al presente con gratitud, reconocimiento y amor, deseándole que permanezca en el lugar que ya ocupaba mucho antes de dejar la tierra por la que pasó, como alguien nunca nacido y nunca fallecido.

Por Joan Garriga

Octubre, 2019