A la sombra de nuestros padres

Por Joan Garriga y Mireia Darder
Publicado en Mente Sana, abril 2008

Quién a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija, reza un famoso refrán. Si a continuación te imaginas como hijo cobijado en el frescor, la ligereza y la protección del árbol familiar es seguro que tus orígenes te conceden la fuerza y la libertad para ser tú mismo. Y con estas alforjas, puedes elegir el camino profesional y afectivo que mejor casa con tus talentos, tus predisposiciones y la llamada profunda de tu alma. Subido a los hombros de un gigante incluso un enano logra que su mirada alcance un horizonte más lejano. De la misma manera, cualquier hijo que toma profundamente a sus padres tal como son y recibe de ellos la bendición para crecer en su propia vida, se proyecta con éxito en aquello que elija y podrá superarlos, si es el caso, sin tensión o culpa. O bien podrá ser fiel a su naturaleza más sencilla o menos destacada y vivirlo con felicidad y alegría, porque carece de la presión para tener que ser un top en su materia, aunque sus padres hubieran sido notables en su campo. Ojalá la vivencia que todos tuviéramos con los padres fuera la de un árbol que da sombra y respalda nuestros pasos y sentirnos libres para ser lo que somos y desarrollar lo que tenemos. Pero no suele ser tan común o tan fácil.

Puede ocurrir que sientas que la sombra de tus padres y de tu árbol familiar sea tan alargada que te persigue todo el tiempo. Con ello dificulta el reconocimiento de tus propios méritos y valores, y de las tendencias espontáneas que surgen en ti. Muchas personas sienten que, hagan lo que hagan o vayan donde vayan deben cumplir con expectativas, ilusiones, imágenes y proyectos, que fueron forjados fuera de ellos mismos. Generalmente en la fragua paterna o familiar. Convirtiéndose en mandatos que operan como losas de difícil cumplimiento, ya que nos sentimos mal si los cumplimos porque van en contra de nuestros deseos profundos, pero también nos sentimos mal si no lo hacemos, ya que van en contra de los deseos de nuestros padres. Y nuestro sentido de amor y pertenencia con ellos hace que quisiéramos complacerles. A menudo, no podemos escapar de estos conflictos sin confrontarnos con intensas culpas o turbulencias emocionales. Pero cuando logramos reconocer el camino propio, sea el que sea, lo sentimos como la tierra prometida que al fin nos acoge después de un arduo camino de crecimiento y, a veces, de confrontación con los padres.

Todos conocemos casos de familias de médicos o abogados o artesanos, etc. en los que, generación tras generación, los hijos sienten la presión de tomar el relevo y perpetuar el nombre familiar. Algunos lo hacen con gusto y se muestran orgullosos de completar el cuadro honorable de letrados o relojeros o panaderos, y se asientan en una identidad casi gremial. Quizá impulsados por la fuerza de lo familiar o por el hecho de que lo conocido atrae formas similares. Se sabe que es más fácil ser un buen músico cuando en la familia se transpira música y los padres la llevan en sus células, o ser comerciante de antigüedades cuando uno se crío en una familia rica o con cierto abolengo. Pero también sucede que un hijo puede albergar talentos y deseos que caen muy lejos de lo previsto y lo exigido por el padre por ejemplo porque mejor sintoniza con un talento que viene de la familia de la madre, o bien es una predisposición propia, con lo cual su camino se vuelve más complejo, y difícil de encauzar.

Tuvimos un cliente que vivía escindido entre su deseo de ser un funcionario tranquilo o bien un reportero de guerra. Al mirarlo con atención descubrió que lo primero encajaba con el deseo y el espíritu seguro del padre, director de alto nivel en una empresa bancaria. En cambio, ser reportero pegaba mejor con el espíritu más aventurero y arriesgado de la madre (que en su juventud ya se lanzaba en paracaídas cuando era atípico en mujeres). Lógicamente se pregunto si también tenía deseos propios y lentamente fue descubriendo su amor por los cómics y acabo creando una empresa editora de fotografía artística y de historias ilustradas. El mejor regalo que los padres hacen a sus hijos consiste en apreciar sus talentos e inclinaciones Sin embargo, cuando no es así, las contrariedades que enfrentaremos serán las pruebas que nos fortalecerán en nuestro camino. Lo que vemos es que la sombra de los padres es muy alargada a veces y debemos desbrozar la maleza que genera para salir a nuestra propia luz, lo cual en verdad es lo que honra profundamente a la familia. José era el descendiente de una prestigiosa familia de abogados y, a pesar de su instinto artístico, fue compelido por su padre a estudiar Derecho. El día que debía incorporarse a la firma, se le manifestó un severo ataque de asma como primera señal de que estaba traicionando sus talentos, del que no se curó hasta que entro en el mundo del teatro. ¿Seríamos acaso capaces de imaginar a Mozart como zapatero u obispo?

Casi todos los padres están de acuerdo en que su mayor deseo con los hijos es que estos sean felices. Y la mayoría de los padres también tienen sus propias idea acerca de cómo los hijos serían felices, idea que corresponden a su historia personal, a sus logros y a sus frustraciones. Pero los hijos van por libre y entonces la dificultad estriba en que sepan respetar la propia manera del hijo de encontrar su propia felicidad en su propio camino, tal como sea. De esta manera se puede dibujar un escenario de confrontación que termina con claridad el día en que el hijo se asume como plenamente mayor de edad (y esto puede ser con 25 pero también con 60 o nunca), y plenamente responsable de su camino, de sus decisiones, de sus éxitos y de sus fracasos, de sus aciertos y de sus errores. Los padres generalmente terminan por comprender que deben respetarlo aunque no encaje con sus deseos. Y, en el fondo, también se alegran de la fuerza del hijo por respetarse y elegir su propio camino. Ya Jalil Gibran habló así a los padres sobre los hijos: “Vuestros hijos no son vuestros. Son los hijos y las hijas del anhelo de la Vida, ansiosa por perpetuarse. Aunque estén a vuestro lado, no os pertenecen. Sois el arco desde el que vuestros hijos son disparados como flechas vivientes hacia lo lejos…”. De este modo los padres entregan a los hijos a sí mismos y al flujo de la vida.

Fallar a los padres y al sistema familiar lo vivimos todos como arriesgado, porque pueden dejar de querernos, pero la medida de su amor lo encontramos justo en el aprecio de lo que somos genuinamente. Para ello nosotros debemos sentir primero este aprecio.

Otro asunto clave a considerar se da cuando los padres son muy exitosos y aclamados en su ámbito, o al revés cuando han tenido una situación profesional humilde, sencilla y corriente. En el segundo caso el hijo puede vivir la presión de mejorar el nivel social y económico de su familia y sentirlo como un acicate que le da energía, y al mismo tiempo sentir la culpa oculta por permitirse algo mejor que aquellos que ama. ¿Cómo disfrutar de un rotundo y lujoso 4 por 4 cuando el padre no pasó del “dos caballos” por ejemplo? En el primer caso, es al revés. Siente la presión de ser igual o más exitoso que sus padres y al mismo tiempo la tensión que le produce la presión, y quizá la culpa de no alcanzarlo y el riesgo de descender en el escalón social o económico. Desde luego, un asunto especial se da con los padres “brillantes, ultraexitosos, o muy reconocidos”, por lo menos en la perspectiva social y mundana. Ante ello el hijo debe asumir que los talentos especiales no se heredan. Con suerte puede sentirse orgulloso y alegrarse de los logros de sus padres y tomar de ellos la atmósfera de excelencia que hayan sabido crear. Así mismo, casi seguro que deberá hacer un trabajito interior para deslindarse con claridad de sus padres, para decirse yo soy yo y ellos son ellos. Si entra en el juego de ser mejor que sus padres se desgastará inútilmente, aunque lo consiga. Si entra en el juego de ser peor que sus padres, ellos seguirán siendo la referencia. También si quiere jugar a ser diferente por obligación. ¿Cuál es la salida? La de siempre: escuchar con atención los llamados y los latidos de nuestra verdadera naturaleza y respetarla. Al final el verdadero éxito, el acierto vital con mayúsculas, consiste en ser nosotros mismos y no un personaje inventado acorde con los imperativos de los padres o de la sociedad. El éxito de verdad consiste en el contacto con el ser profundo que somos en cualquier experiencia que vivamos en nuestra vida, ya seamos criticados o aclamados.

CONSEJOS PRÁCTICOS

CONSEJOS PARA LOS PADRES

LA EXIGENCIA BLOQUEA Y COARTA
Cuando nos ponemos muy exigentes y obsesivos para que nuestros hijos hagan aquello que nosotros queremos o sean aquello que nosotros somos, lo que conseguimos es que se bloqueen o se revelen en contra de lo que decimos. Demasiadas expectativas y ideas demasiado estrictas sobre nuestros hijos dificultan que puedan desarrollarse. En lugar de conseguir lo que queremos conseguiremos lo contrario. El saber que son nuestros hijos, pero que no son nosotros, nos puede ayudar a dejar que hagan su propio camino.

EL SOBREPROTEGER NO AYUDA TENR UNA AUTOESTIMA ALTA
La sobre protección y el no dejar que nuestros hijos puedan experimentar por si mismos es una manera de que no confíen en ellos. Algunas veces esta sobre protección viene justificada por la idea de que lo tengan todo y no sufran tanto como nosotros. Cuando no dejamos que nuestros hijos se arriesguen a hacer lo que ellos quieren y se equivoquen en lo que hacen, estamos creándoles una idea de que ellos no pueden hacer las cosas solos, y por tanto tendrá una mala idea de si mismo, como de que es incapaz de hacer las cosas solo.

DEJAR A LOS HIJOS EN LIBERTAD Y CONFIAR EN ELLOS
Cuando los padres no exigen el que los hijos sean alguien igual a ellos o a que sigan el mismo camino que ellos. Tampoco los sobreprotegen y dejan que lleven una vida independiente de ellos, los hijos se sienten libres de escoger lo que quieren y como aman a sus padres y normalmente los admiran quieren hacer algo bueno con lo que estos les han dado. Si para los padres esta bien que los hijos hagan lo que ellos quieren y no se les exigen que sean de una determinada manera o que tengan una determinada profesión, estos al sentirse libres muchas veces escogen cosas parecidas a las de los padres.

CONSEJOS PARA LOS HIJOS

PARA PODER SER UNO MISMO HAY QUE ACEPTAR LA HERENCIA
Como hijos somos lo que son nuestros padres (padre y madre), heredamos de ellos la mayor parte de las actitudes, carácter y talentos; poder aceptar la herencia que hemos recibido y no rechazarla, nos pone en el mundo con todas nuestras capacidades. A veces nuestros padres se ponen exigentes y sobre-protectores o tienen actitudes que nos dañan y ahí no queremos ser como ellos. Cuando los rechazamos estamos rechazando algo de lo que nosotros también somos y por tanto nos amputamos posibilidades (actitudes, capacidades y talentos) propias que nos podrían ayudar desarrollarnos.

ALGUNAS VECES SEGUIMOS LO QUE QUIEREN NUESTROS PADRES EN LUGAR DE LO QUE QUEREMOS NONTROS
Si por un lado se trata de aceptar la herencia que llevamos por otro es necesario que podamos diferenciar lo que son los deseos de nuestros padres para nuestro futuro, o sea lo que ellos quieren que seamos, de lo que nosotros queremos ser realmente. Algunas veces nos sentimos exigidos a realizar aquello que ellos no se atrevieron a hacer o lo mismo que ellos hicieron. Es decir vivimos la vida de nuestros padres en lugar de vivir nuestra propia vida. Una manera de saber cuando no estamos haciendo lo que queremos realmente es sentir una exigencia muy grande y no estaremos a gusto con lo que estamos haciendo, pero sentimos que tenemos que hacerlo.

APRENDE A VER QUE QUIERES REALMENTE
El poder encontrar lo que uno quiere y necesita hacer para ser feliz es una tarea que corresponde a cada uno de nosotros. El poder individualizarse mas allá de las expectativas de los demás y de nuestros padres a veces implica apartarse del camino que se supone que tendríamos que hacer y correr riesgos. Esto implica experimentar y estar dispuesto a equivocarse, significa confiar en uno mismo y arriesgarse con lo que uno cree. Cuando uno consigue hacer lo que quiere, vivir de la manera que quiere vivir escoger la profesión que quiere, lo sabe por la sensación de satisfacción interna que tiene.