Dejar ir en la pareja

Publicado en REVISTA KUNDALINI

OCTUBRE 2016
Por Joan Garriga
Me piden que escriba un artículo acerca de cómo dejar ir una relación de la manera más sana posible. Lo que puedo aportar al respecto es la experiencia vivida tanto a nivel personal como a nivel terapéutico fruto de los diferentes años de experiencia en el trabajo con parejas y de lo que uno mismo va experimentando transitando por la vida.

Supongo que una de las maneras más sanas de dejar ir una relación de pareja es ver y aceptar cuanto antes que toca sufrir, que llega un momento en el que toca que las cosas no sean como uno quieren que sean, una de las claves sin duda es no oponerse demasiado a esto, seguramente lo que nos genera más dificultad a la hora de soltar algo es justamente resistirse a ello, aunque a veces las cosas se pongan inevitables principalmente porque son como son, más allá de que uno lo haya decidido o no.

Cuando uno asume que esto es así, entramos en las mismas etapas que entramos cuando vivimos un duelo, en primer lugar la negación; esto no es así o no debería de ser así, por eso el primer paso es asumir que algo ha terminado, que aquella pareja ya ha caducado y estar dispuesto a aceptar que uno pierde el status quo, y pierde un lugar por lo menos conocido, aunque no necesariamente confortable. Para ello tiene que estar disponible para abrirse a un proceso donde será visitado por múltiples sentimientos y emociones muy variados, como huéspedes que se instalan en nuestra casa por un tiempo, huéspedes como la culpa, el sentimiento de fracaso, el deseo frustrado, el enojo, la rabia, la furia, la violencia, la pena, la tristeza… y a mí me gusta decir que en definitiva el sentimiento más rentable para el viaje hacia que algo pueda quedar atrás es el dolor, aunque por desgracia en nuestra cultura tenemos una animadversión importante al dolor, y es una lástima, porque el dolor es el sentimiento más rentable para el viaje de la vida, pues se convierte en la pasarela que nos permite viajar cuando hemos perdido algo e ir atravesando el desierto hasta llegar a la otra orilla, donde la vida se pone luminosa de nuevo y vuelve la alegría.

Así que imagino que el primer paso sería lograr una cierta aceptación y el segundo paso sería estar abierto a ser visitado por estos sentimientos a veces no muy agradables, yo creo que estos dos factores actúan como una alquimia espontánea que nos acaba llevando a la otra orilla, y es cuando en el futuro se abre un espacio con más fuerza que en el pasado y cuando uno puede mirar el pasado con agradecimiento y reconocimiento. Quizás este sería el último paso de esta transición.

Cuanto más capaces seamos de estar abiertos y darle espacio a este dolor y cuanto más sepamos vivirlo con la intensidad que requiere, antes saldremos del proceso, pero debemos diferenciar el dolor del sufrimiento, el sufrimiento siempre es oposición algo, sufrimos porque nos oponemos a lo que estamos viviendo, cuando algo duele simplemente duele, pero el sufrimiento es oponernos a que duela, en definitiva el sufrimiento es todo aquello que hacemos para evitar el dolor que sentimos, por eso la mayoría de los problemas que vivimos son intentos fallidos de burlar el dolor, sin darnos cuenta de que lo convertimos en sufrimiento.

Somos mamíferos, por tanto somos seres apegados y cuando hay un cambio, como cuando se pierde una pareja, duele, aunque no se puede generalizar porque en algunas ocasiones puede ser que el dolor ya se haya vivido ya dentro de la relación y cuando llega a la separación es más bien una liberación.

La capacidad para vivir el dolor engrandece y propicia el desarrollo personal, sé que esto es complejo de entender porque el dolor tiene mala prensa, no nos gusta por una razón muy simple, porque duele, y esto no depende de nosotros sino de unos programas biológicos que están activados y en funcionamiento y que nos equipan para cuando las cosas se ponen difíciles, como en una pérdida, pero en este equipaje biológico también está la capacidad de saber rendirse y acompañar esta tristeza, y la pena de que algo ya pasó en la vida.

Justamente en este programa biológico el dolor también sirve para quemar a la parte interna que estaba apegada a algo, porque en definitiva siempre se trata de un duelo propio, hay que despedirse de alguna parte interna que es la que estaba involucrada en esta pareja, a la que le duele mucho perder. Muchas personas tendrían que preguntarse si cuando hay una pérdida esto hace mella en la diana más biológica como mamíferos o si a veces sin embargo, quien sufre o a quien le cuesta soltar es a partes internas nuestras que no son tan bonitas de reconocer. A veces le duele al orgulloso que hay en nosotros o al soberbio o al soberano o al prepotente, al débil o a la víctima, todos tenemos una galería extensa de personajes y algunos de estos personajes a veces están muy involucrados en una relación, por tanto, cuando una relación se pierde estos personajes empiezan a lamentarse, entonces el trabajo es más bien el de poder dialogar con estos personajes para desactivarlos un poquito. A veces el dolor lo que hace es rebajar la influencia de estos personajes para librarnos un poquito de ellos.

Otro punto importante en el momento de dejar ir a una pareja es estar atento a no caer ni en el culpar al otro ni caer en el victimismo, por tanto intentar actuar desde la auto responsabilidad.

Al final sería bueno poder llegar a la conclusión de que la relación ya cumplió su función y llegó la hora de agradecer y de soltarse. Aunque yo sospecho que en el equipaje biológico estamos hechos de una manera que cuando soltamos es inevitable que haya un poquito de dolor por más madurez y auto responsabilidad que haya en los miembros de la pareja.

Algunas parejas sin embargo viven su relación como si fuera una cárcel, o como si fuera un campo de batalla, un campo de concentración, un teatro o un circo, lógicamente esto no es sano y en estos casos soltar puede llevar a una liberación y a un alivio. A veces parece que el dolor sea el argumento necesario para pasar de lo conocido a lo necesario o más bien dicho para perder lo conocido, aunque lo conocido nos parezca siempre tan grato.

Existe el falso mito de que alguien muy trabajado a nivel de auto conocimiento o de evolución espiritual es más inmune al dolor, pero yo creo que es todo lo contrario, esta me parece una idea un poco pretenciosa y un poco falaz, aunque que está bastante extendida y en mi opinión encubre una idea del crecimiento que es empequeñecimiento, es como si quisiéramos vivir con la certeza y con la seguridad de que estamos exentos de la aflicción, a mi me parece que no, que las personas desarrolladas seguramente tienen más capacidad para vivir el dolor y las menos desarrolladas son las que ponen más resistencias a vivir el dolor cuando toca, si bien es cierto que si son personas más maduras y más trabajadas probablemente van a vivir una separación estando de acuerdo con que duela y no van a armar escándalos ni van a culpar a la pareja porque simplemente duele.
Si duele que duela, yo creo que este debería ser un lema que deberíamos tener todos integrados. ¿Porqué tenemos que tener la idea de que no debería de doler cuando la realidad es que algunas cosas simplemente duelen?

A día de hoy muchas de las relaciones están basadas mucho más desde la necesidad a menudo inconsciente, que desde una elección libre de estar juntos, en mi libro sobre las parejas explico que la mayoría de las parejas se establecen en base a un pacto no explicitado sino implícito que es un pacto de cuidado mútuo en el que uno cuida las sombras del otro, en realidad para muchas personas la pareja es un movimiento de protección que tiene que ver con que uno se compromete a cuidar de las sombras del otro a cambio de que el otro haga lo mismo, esto quiere decir por ejemplo que yo me comprometo a que tú no tengas que tomar responsabilidades por tu propia vida porque tienes dificultad para ello, porque te has especializado en la posición victimista, pero tú te comprometes a que yo pueda permanecer en mi posición salvadora y no tenga que enfrentar mi dependencia o mi victimismo, y desde ahí en la pareja articula una especie de danza donde a veces hay identidades estereotipadas y donde no hay flexibilidad, son roles muy fijos donde uno asume por ejemplo ser dependiente y el otro autónomo, o donde uno quiere ser cuidador y otro quiere ser cuidado, pero lo que sucede a veces cuando la pareja evoluciona o cuando uno de los dos decide crecer, es que deja de sentirse cómodo con este pacto implícito y empieza querer cambiar esta configuración bajo la que está funcionando la pareja, por ejemplo, cuando uno necesita ser necesitado y dependiente y se engarza con otra persona que tenía la necesidad de ser salvadora, pero de repente el dependiente ya no quiere ser salvado si no que quiere trabajarse su autonomía y su grandeza, en este punto es muy probable que el salvador se sienta mal, muchas veces las crisis de pareja vienen de este reposicionamiento por parte de uno de los dos miembros y de esta rotura que genera mucha frustración y mucho resentimiento, porque en definitiva se deja de cumplir estos pactos inconscientes de los que nunca se ha hablado y se deja de responder a lo que en teoría se está predestinado a ser. Algunas parejas con suerte logran cambiar estas definiciones y estos roles y evolucionan, de forma que el que era más dependiente ya no lo es tanto y el que era más independiente pasa ser un poco más dependiente, lo que les permite ir descubriendo que todos son un poquito de todo y en definitiva aprenden a ser un poco más de todo y a ser un poco más reales y menos estereotipados.

Pero en muchos otros casos las relaciones se rompen, sin darse cuenta de que al final lo que se está lastimando es una necesidad infantil del niño que en su momento no fue satisfecha y que se trasladó a la pareja.

Una separación de pareja siempre es una maravillosa oportunidad para revisar asuntos infantiles no resueltos, por lo que una separación, con suerte también puede convertirse en una oportunidad de liberación, de desarrollo, de crecimiento y de autonomía.

Al final la vida es un una oportunidad permanente para trabajar el dejar ir y la perdida siempre es un gran aprendizaje, porque llegará el momento en el que lo tendremos que dejar ir todo, no será importante si fuimos personas tristes o alegres, fuertes o débiles, optimistas o pesimistas porque son identidades que se tienen para el viaje de la vida pero que se desvanecen en el final de la misma, con suerte las habremos ido flexibilizando y dejaremos de tomarlas tan en serio, comprendemos que tan sólo fueron utensilios para el viaje. Soltar una pareja significa soltar estas identidades y hacernos un poquito más libres de nosotros mismos y al final la libertad no es otra cosa que eso librarnos de todos estos personajes.

Nos asustamos mucho ante el dolor y el sufrimiento, pero en un cierto sentido el corazón profundo tanto no sufre, sufren las pequeñas identidades que quieren algo, defender algo, reafirmar algo… en cada uno de nosotros vive un niño que en cierto modo es un profeta, porque hizo profecías inconscientes infantiles, Del tipo; cuando sea grande voy a conseguir que mi pareja me respete, y entonces el respeto se convierte en nuestro grial, o dice; voy a conseguir que mi pareja me obedezca, y entonces la obediencia se convierten el grial, o; voy a conseguir que mi pareja me sostenga y entonces el sol el ser sostenido será mi objetivo, todo esto son pequeñas profecías del lenguaje de la mente, por suerte el alma se cuida de que nuestras profecías no se cumplan tanto, porque por un lado está nuestro corazón mamífero que es apegado y al que le duele, pero por otro lado está el corazón espiritual, que está preparado para enfrentarse con todo tal y como es en cada momento. La vida por suerte nos propicia espacios y experiencias para ponernos cada vez más en contacto con este corazón espiritual.

Al final lo que podemos hacer cuando estamos viviendo un proceso de separación es saber sufrir, saber sostener el dolor, y buscar buenos amigos o un buen terapeuta que nos acompañen, que nos sostengan, que que podamos sentirlos cerca sin que nos invadan, sentir que alguien está ahí y que no estamos solos en el camino.

Muchas veces abrirse a la desesperación, aunque suene pavoroso no es tan malo, todos tenemos en nuestras vivencias el aprendizaje de que si miramos atrás en nuestra vida hemos pasado tantas cosas que nos parecieron tan terribles pero que luego miradas retrospectivamente vemos como si hubiéramos sido acompañados por algún ángel, al final no fue tan terrible. A veces nos parece que estamos perdiendo al hombre o a la mujer de nuestra vida y de lo que no nos damos cuenta es de que la vida nos está haciendo mejor regalo que podía entregarnos para nuestro proceso evolutivo.

Joan Garriga